EL ECO DE ALHAMA NÚMERO 21 LITERATURA
 

Por Pedro Felipe Granados: Grupo Cultural Batarro

EL RECUERDO IMBORRABLE DE DIEGO GRANADOS:

 

Tenemos los seres humanos la sed de la trascendencia desde que el mítico episodio del Edén dejó nuestra vida, que hubiera podido ser ilimitada, reducida a un variable cómputo de años. Pero hay maneras de ir más allá de esta frontera: nos prolongamos en la sangre de nuestros descendientes, y , quienes escriben, en la progenie multiplicada de los libros. Porque no muere nadie que haya escrito. Esa es la gloria y la pervivencia que les cabe a quienes dirigen su intelecto y sus facultades emocionales y creativas al fértil territorio de la literatura. Y en este ámbito del arte de la escritura permanece vivo el recuerdo del escritor albojense Diego Granados.

 

la gran creación de Diego, excepción hecha de su propia literatura, fue la revista Batarro, fundada en 1972, junto a Martín García Ramos, y refundada en el 89

 

Un poeta, o quizá un filósofo, expresó el pensamiento de que "tiene quien tuvo y vive el que ha vivido". Pues bien, la figura y la obra de Diego sostienen su vigencia porque el autor reúne en la rica panoplia de su biografía esa capacidad de trascendencia que hace que, aun no estando con nosotros, su aliento humano y cultural perdure con una vibración emocionada. A una vida intensa como la suya -en la que tuvo que pelear y sortear adversidades, y en la que también es seguro que, en ocasiones, se toparía, en un recodo del camino, con la felicidad-; a una vida como la suya, digo, pueden atribuírsele los calificativos de madura y plena, y capaz de perdurar en las estancias del recuerdo, pero también en la vida cultural almeriense.

Diego Granados permanece en sus libros, en sus creaciones literarias, en sus sueños cumplidos, en los testimonios reales que recogió de esta tierra, a la que dedicó algunas de las mejores páginas que hayan podido ser escritas, y que ahora quedan como un monumento al paisaje, las gentes y, en definitiva, al espíritu de Andalucía.

Hablar de los libros y proyectos cumplidos de Diego llevaría a hacer una lista interminable de logros cuya enumeración impediría, dada la escasez de espacio, hablar de otros aspectos importantes en su biografía. Por ello habré de pasar casi de puntillas por una obra madura que ya está inscrita con letras perennes en la historia literaria almeriense.

Como gestor cultural baste citar la inquietud intelectual que supo sembrar y contagiar a todos los que se hallaban a su alrededor, y a la que se sumaron jóvenes que hoy cuentan con un nombre acreditado en la literatura de nuestro tiempo. Fruto de tales esfuerzos podemos citar el Congreso de Escritores Andaluces, celebrado en Albox en 1976, y al que prestaron apoyo y adhesión literatos de la talla de Rafael Guillén, Félix Grande, José María Pemán, Fernando Quiñones, Leopoldo de Luis, Antonio Buero Vallejo y Fernando Arrabal, entre otros.

Pero quizá la gran creación de Diego, excepción hecha de su propia literatura, fue la revista Batarro, fundada en 1972, junto a Martín García Ramos, y refundada en el 89. Batarro, un proyecto literario de hondo aliento que, en la actualidad, goza de crédito estimable en nuestra tierra, además de sumar una vocación nacional e internacional volcada con preferencia en países hispanoamericanos como Argentina y Méjico, pero con escalas, también, en publicaciones norteamericanas e italianas. Como reconocimiento a esa trayectoria, la Junta de Andalucía ha concedido a la publicación en este año de 2006 la Bandera de Oro, una distinción que Diego hubiera estimado en todo su valor.

Hoy nos acompañan en nuestra andadura de lectores sus libros de relatos, entre ellos El tributo del héroe (que tuve el honor de prologar) y El envés y la trama. Unos relatos en los que el autor, en palabras de Esther Bartolomé-Pons, "se muestra particularmente atraído por esa frágil línea divisoria que separa la realidad del sueño". Pero sobre todo nos queda su poesía, reconocida por todos como la de un maestro del lenguaje. Fue autor de títulos excelentes como Romanza en ocre, Poemas de la noche y Del sentimiento trágico de Andalucía, libro éste al que podemos considerar como un tratado emocional sobre el alma de su tierra andaluza, en el que el poeta se muestra dueño de un lenguaje lleno de fuerza y de brillantes aciertos expresivos. Recordemos, en fin, la multitud de revistas, suplementos, estudios y antologías que recogen en forma dispersa sus poemas. De él han dicho algunos escritores: "es un río caudaloso y de hondo curso en el que el agua, la palabra de Diego Granados, se hace verso o relato, poema o canto, literatura al fin, expresión artística" (Juan Carlos Rodríguez Búrdalo). "Diego es hombre de unión, profeta de acogidas. Tiene cara y ademanes de hombre llano, paciencia de geografías azotadas. Está hecho a su tierra, a vigilias centinelas de los almendros en flor, a verdores y asperezas del cáñamo y el esparto..." (Carlos Muñiz).

Su amor por la literatura y el alto valor que profesaba al sentimiento de la amistad aparecen reflejados en el magno número que la Revista Batarro le dedicó como homenaje en el año 2000 con el nombre genérico de El aliento del agua, al que sumaron su colaboración escritores tan significativos como Rafael Alcalá, Alfonso Canales, Domingo Faílde, Ángel García López; Leopoldo de Luis, Carlos Murciano, Ana María Navales, Manuel Gahete..., además de los componentes del grupo (José Antonio Sáez, Pedro M. Domene, Jerónimo López, Jesús Martínez y yo mismo) y de la práctica totalidad de los literatos almerienses. En este número, y en una entrevista firmada por Pedro M. Domene, a la pregunta sobre los límites de la responsabilidad del poeta, es decir, al compromiso o los compromisos del escritor con lo que le rodea, Diego Granados responde: "Indudablemente, la poesía y sus valedores, los poetas, han tenido y tendrán siempre, en el campo espiritual de la vida, una ineludible y grave responsabilidad".

Contó también con el cariño de sus paisanos, concretado en diversos reconocimientos

La luz esplendorosa de Diego Granados aún permanece en los amigos que tuvimos la dicha de tratarlo y de participar con él en sus proyectos literarios. En palabras tan de estos días podríamos decir que fue un Quijote en permanente estado de inquietud intelectual. A quienes formábamos parte del grupo en los últimos tiempos nos sorprendía su energía, la capacidad de imaginar novedades que era posible llevar a cabo, la cantidad de correspondencia que era capaz de mantener con múltiples amigos en diferentes partes del mundo, lo que hacía necesario en ocasiones echar mano de traductores del alemán, el inglés, el catalán o el italiano.

No quiero extenderme en la progenie que dio a la vida y que anuda, en un largo abrazo más allá del tiempo, los indestructibles lazos de la sangre. Una familia que perpetúa el recuerdo de un hombre singular, de un hombre bueno. Es esa permanencia del latido vital lo que nos distingue sobre todo como seres humanos, y la que nos da realmente un viático hacia la inmortalidad. Nosotros mismos en la herencia genética de los que nos sucedan hasta el final de los tiempos, enganchados en las redes del amor y el afecto. De todo eso gozó con creces Diego Granados. Yo me pregunto, entonces, ¿se puede disfrutar de una más larga trascendencia?

 

 

Pero también cuenta Diego con el reconocimiento social, la vida de la fama, que dijera Manrique en sus versos imperecederos. No la buscó, pero es cierto que se encontró con ella, además de con el respeto y la admiración del mundo literario, que le concedió premios y homenajes, como el Bahía Poesía del Sur, en Algeciras, el Cante de las Minas, de La Unión (Murcia), el Hucha de Plata de cuentos en dos ocasiones, entre otros. Su obra literaria mereció figurar en antologías como "Cien del Sur", sobre escritores andaluces, que llevó a cabo la Universidad de Granada, la de la revista gaditana Torre Taviria, y, sobre todo, una antología de prosa y verso con el título de El crepúsculo del hombre, realizada por la Revista Cultura, de Veracruz, en Méjico.

Contó también con el cariño de sus paisanos, concretado en diversos reconocimientos y homenajes, como el acuerdo del Ayuntamiento de Albox, que, de forma unánime, otorgó su nombre a una calle, la propia calle en la que vivía desde hacía muchísimos años. Yo, que residía, entonces como ahora, en Lorca, le mandaba cartas para darme el placer de escribir a un amigo, un poeta vivo, a la calle de su mismo nombre: Sr. Dn. Diego Granados Jiménez, Calle Poeta Diego Granados. Diego me lo reprochaba con modestia, diciéndome que era mucho más sencillo y más práctico hablar por teléfono, habida cuenta que, antes como ahora, las cartas, por no sé qué historias de cabeceras de zona, tardaban, y siguen tardando, de cinco a nueve días entre dos provincias que son limítrofes. Yo, evidentemente, continué escribiéndole cartas. Tiene, también, en su haber un reconocimiento social que se difunde cada año por toda España a través de Certamen de Declamación que lleva su nombre, unido al del Instituto "Martín García Ramos", que recuerda en su denominación a quien fuera amigo entrañable y cofundador de la Revista Batarro.

Diego Granados se fue de nosotros en su tierra de Albox un veinte de Diciembre de 2002. Poco después, y como un leal tributo, el editor y poeta de Málaga, Francisco Peralto, publicó un librito de muy pocos ejemplares en el que recogía ocho discursos panegíricos escritos por sus amigos, en realidad ocho emocionados textos en prosa y verso en recuerdo y reconocimiento del poeta ejemplar, del creador desaparecido.

Diego Granados, un hombre cabal, una persona noble, un exquisito compositor de palabras. Su memoria perdura por encima del tiempo, así como el afecto de quienes tuvimos la suerte de conocerlo.