EL ECO DE ALHAMA NÚMERO 10 ... Y ADEMÁS

 

Las Vacunas
PARA NIÑOS Y ADULTOS

Porfirio Marín Martínez
Doctor en Medicina

El término vacuna deriva de la palabra inglesa vaccine, denominación del material utilizado desde Eduard Jenner, a finales del siglo XVIII, para la vacunación contra la viruela. Este científico comenzó sus investigaciones inoculando a un niño material procedente de vesículas de una ciudadora de vacas enfermas de viruela. Bien es sabido desde antiguo que cuando se padecía una enfermedad infecciosa, el individuo generaba unas defensas o inmunidad natural contra esa enfermedad que le protegía de por vida contra la misma -ya ha pasado el sarampión, se decía-. Con las vacunas se consigue crear una inmunidad adquirida activa, más duradera, a diferencia de la inmunidad pasiva -de efecto inmediato pero de corta duración-, como ocurre con la administración de los sueros antitetánico o antirrábico.

Las vacunas constituyen en la actualidad un importante medio preventivo, implantado en todos los sistemas sanitarios del mundo, que ha permitido conseguir reducir muchas enfermedades frecuentes en la infancia y en el adulto, incluso erradicar algunas -como la viruela-, resultando con ello evitar y bloquear la transmisión de enfermedades infecciosas que antaño producían enfermedad, invalideces y muertes.

Las vacunas están compuestas por material procedente de los microorganismos contra los que se quiere obtener una protección adquirida, éstos pueden ser bacterias o virus. Unas veces las vacunas están compuestas por especimenes vivos o atenuados, otras por muertos o inactivados, y otras, más modernas, son sintéticas.

Hoy en día en nuestro medio la población infantil desde su nacimiento tiene asegurado el suministro de vacunas para prevenir enfermedades, son las contempladas en el calendario de vacunaciones de la Consejería de Salud, recientemente actualizado con la incorporación de la vacuna contra el meningococo C. También el adulto, aunque no de forma sistemática, debe y tiene contempladas otra serie de vacunas que no hay que olvidar.

La administración de vacunas presentan en muy pocas ocasiones contraindicaciones, como cuando concurren procesos infecciosos febriles graves, siendo en la actualidad todas ellas de una gran seguridad y tolerancia, estando limitado su uso en ciertas situaciones particulares de la persona, como deficiencias de la inmunidad, alergia a algún componente o el embarazo. En algunos pacientes con deficiencias de la inmunidad está especialmente indicada una serie de vacunas inactivadas, ya que éstos se encuentran más predispuestos a padecer enfermedades infecciosas. En raras ocasiones se puede presentar efectos secundarios y complicaciones.

En los niños andaluces las coberturas de vacunación actuales superan el 80%, lo que supone, además de una protección individual, una resistencia de la comunidad en la que viven frente a muchas infecciones, es lo que se denomina efecto rebaño. En el adulto el objetivo de las vacunas está en conseguir una protección más personal que colectiva.

El calendario actual de vacunaciones infantiles contempla la inmunización contra diez enfermedades, iniciándose su administración desde el nacimiento, cuando se administra la primera dosis de vacuna contra la hepatitis B. Se continúa posteriormente a los 2, 4, 6, y 15 meses. Ya para entonces han sido inmunizados los niños frente a enfermedades como hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo B, difteria, tétanos, tos ferina, poliomelitis, enfermedad meningocócica C, paperas, sarampión y rubéola. Posteriormente, ya en edad escolar, se les administran recuerdos de todas las vacunas recibidas en la primera infancia excepto el meningococo C, por considerar que la protección ofrecida para éste agente es duradera. Estos recuerdos se indican a las edades de 6, 11, 12 y 14 años de edad.

El niño que se ha hecho adulto debería de continuar al menos con un recuerdo de tétanos-difteria cada 10 años. Además, si por sus circunstancias laborales o personales persistieran algunos riesgos a contraer determinadas enfermedades, habría que considerar la indicación de vacunas contra hepatitis B, sarampión, rubéola y parotiditis, varices, vacuna neumocócica o vacuna de la gripe. También por razón de viajes internacionales existen algunas vacunas recomendables u obligatorias, como las que protegen de la fiebre amarilla, fiebre tifoidea, cólera o hepatitis A.

Ya, desde el nacimiento el recién nacido nacen con una protección, derivada de la propia madre, tanto vía intrauterina como por la lactancia materna, contra varias enfermedades. Posteriormente, ésta protección natural va desapareciendo. De ahí que se recuerde esa inmunidad a través de las vacunas previstas en el calendario infantil.

La novedad más reciente en el calendario vacunal infantil implantado en Andalucía ha sido la inclusión desde hace unos meses de la vacuna contra el meningococo C, que sustituye a otra que se ofrecía de forma voluntaria y que era menos efectiva y de escaso efecto en los dos primeros años de vida, donde la enfermedad es más frecuente y grave. Esta vacuna produce una respuesta duradera en los mecanismos de defensa del niño y se administrará gratuitamente a todos los niños menores de 5 años, indicándose a los dos, cuatro y seis meses de edad. En niños que tengan en la actualidad más de seis meses sólo precisarán dos dosis. Para los mayores de un año es suficiente una sola dosis.

Esta vacuna, empleada desde hace un año en el Reino Unido, demuestra que está dando unos resultados muy positivos y con muy pocos efectos secundarios, que desaparecen al poco tiempo. Con esta vacuna se evita la enfermedad meningocócica causada por el grupo C -el grupo actualmente más frecuente-, que causó tanta alarma social en el año 1998, ya que hubo entonces una aumente de casos en toda España, y fue muy polémico y restringido el uso de la vacuna que había entonces. Hemos de recordar que esta vacuna no protege contra otros grupos de meningococo ni contra otras meningitis, como las producidas por otras bacterias -para las que sólo se dispone de vacuna contra la causada por el hemophilus inluenzae tipo b, también incluida en el calendario vacunal infantil- y por virus -que son las más frecuentes y las que suelen evolucionar favorablemente y rápidamente sin secuelas.

La meningitis es una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Los síntomas que provoca son: mal estaod genera, fiebre, dolor de cabeza, vómitos e irritabilidad. La sepsis, también susceptible de causarla el meningococo, es una infección generalizada, que a través de la sangre afecta a distintas partes del cuerpo y suele ser grave. Los síntomas de la sepsis son parecidos a los de la meningitis, con fiebre elevada, mal estado general y, además, se presentan unas manchas rojas oscuras en la piel (petequias).

Otra novedad del calendario vacunal infantil modificado recientemente es la incorporación de una dosis de refuerzo frente a la tos ferina a los seis años de edad, que coincide con el primer curso de primaria. Esta vacuna es diferente a la empleada en edades más tempranas porque produce menos efectos secundarios (décimas de fiebre, dolor o inflamación en el lugar de la inyección). Se llama acelular porque del germen productor de la tos ferina, tan sólo se emplea aquella parte que evita la enfermedad. Ésta se administra junto con el recuerdo de tétanos y difteria previsto a esta edad.

Padres y madres, adultos y jóvenes, todos hemos de estar concienciados en los efectos beneficiosos de las vacunas, que a buen seguro se irán completando en los próximos años conforme la investigación vaya mejorando las presentes y se encuentren nuevas vacunas para otras muchas enfermedades infecciosas, como el SIDA y el paludismo, que están condicionando el desarrollo futuro de muchos pueblos. Los programas de vacunas constituyen y constituirán un reto muy importante para la salud individual y colectiva de los pueblos.